Labrador: un glotón profesional con ganas de agua
Bueno con todo el mundo, incansable y siempre con hambre. Cómo mantener a tu labrador en forma sin quitarle la alegría.

El labrador es uno de los perros de familia por excelencia: sociable, paciente y con ganas de complacer. También es conocido por algo menos poético: se lo come todo.
La comida, bajo control
Los labradores tienen mucha tendencia a engordar y casi nunca dicen que no a la comida. Ponerse serio con esto es de las mejores cosas que puedes hacer por su salud.
- Pesa la ración en vez de calcularla a ojo.
- Los premios también cuentan: réstalos de su ración diaria.
- Un comedero antiansiedad o un juguete rellenable hace que coma más despacio y se entretenga.
- Pésalo de vez en cuando. Tienes que notar sus costillas con la mano sin apretar.
Ejercicio y agua
Es un perro de trabajo con mucha energía. Necesita paseos largos, y si puede, nadar y traer cosas. Un labrador que no se cansa encuentra entretenimiento por su cuenta, y suele ser masticando.
Las orejas después del baño
Le encanta el agua y tiene las orejas caídas, así que se le queda humedad dentro. Sécaselas bien después de bañarse y revísalas a menudo. Si huelen mal o sacude mucho la cabeza, al veterinario.
Articulaciones
En la raza son frecuentes los problemas de cadera y de codo. Mantenerlo en su peso ayuda mucho. Pregunta a tu veterinario por las revisiones, sobre todo si es cachorro o ya es mayor.
Casi todo esto vale también para el golden retriever, su primo de pelo largo, que además necesita un buen cepillado en la muda.