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Perros

Se acabó el verano y tu perro no lo ha asumido

Tres meses de tenerte en casa y, de repente, vuelta al trabajo. Te contamos cómo ayudar a tu perro a quedarse solo sin dramas (ni cojines destrozados).

Se acabó el verano y tu perro no lo ha asumido

Durante el verano tu perro se ha acostumbrado a lo bueno: siestas compartidas, paseos sin prisa y tu cara a todas horas. Septiembre llega con horarios, despertadores y puertas que se cierran. Para él, el cambio es brusco, y es normal que le cueste.

La buena noticia es que con un poco de paciencia la vuelta a la rutina puede ser mucho más llevadera para los dos.

Empieza antes de que empiece todo

Si puedes, no esperes al primer día de trabajo para dejarlo solo ocho horas. Unos días antes, practica ausencias cortas: bajar a por el pan, dar una vuelta a la manzana, ir a hacer un recado. Ve alargando el tiempo poco a poco.

Intenta también ir recuperando los horarios de paseo y comida que tendréis durante el curso. Los perros agradecen saber qué viene después.

Salidas y llegadas sin teatro

Las despedidas largas y emotivas le dicen a tu perro que está a punto de pasar algo importante. Y las llegadas eufóricas, que tu ausencia era un drama. Lo ideal es salir y entrar con naturalidad, como quien va a la cocina.

  • Sal a pasear antes de irte, para que se quede cansado y con las necesidades hechas.
  • Déjale un juguete de enriquecimiento (de esos que se rellenan de comida) solo para cuando no estás.
  • Prepárale un rincón cómodo con su cama, agua fresca y alguna prenda que huela a ti.
  • Al volver, saluda con calma y espera a que se tranquilice para hacerle fiestas.

Que la casa sea un buen sitio para quedarse

Un perro aburrido busca entretenimiento por su cuenta, y suele encontrarlo en tus zapatillas. Los juguetes de olfato, los mordedores resistentes y las alfombras para buscar premios le dan algo que hacer con la cabeza, que cansa tanto como correr.

Algunos perros se relajan con un poco de ruido de fondo, como la radio baja. Prueba y observa cómo reacciona el tuyo.

Cuándo pedir ayuda

Si ladra sin parar, se hace pis cada vez que te vas, rompe puertas o se hace daño intentando salir, no es mala educación: puede estar pasándolo realmente mal. En ese caso, habla con tu veterinario, que podrá valorar qué le pasa y, si hace falta, recomendarte un educador canino.

Y no le riñas al volver por lo que haya hecho en tu ausencia: no lo relacionará con lo ocurrido y solo aumentará su nerviosismo.

En Petuki tienes juguetes de enriquecimiento y camas cómodas para que su rincón sea el mejor sitio de la casa mientras tú no estás.